Muchas veces alguien llega angustiado diciendo que “le han hecho algo”. Cuando empiezas a escuchar, te das cuenta de que en realidad no sabe si habla de magia negra, de un hechizo… o simplemente de una mala racha. En el mundo esotérico se mezclan términos con mucha ligereza, y este es uno de los más habituales: llamar magia negra a cualquier cosa que no se entiende o que da miedo. Y no, no funciona así. La magia negra aparece cuando hay una intención clara de hacer daño, de manipular o de meterse en la vida de otra persona sin su consentimiento. No suele venir de la nada. Normalmente está ligada a celos, conflictos largos, rabia acumulada o ganas de controlar. Y algo que se ve una y otra vez es que ese tipo de trabajos no solo afectan a quien los recibe: quien los hace también acaba cargando con una energía muy pesada. Un hechizo es distinto. No es bueno ni malo por definición. Es una práctica ritual que depende del propósito y de cómo se trabaje. Hay hechizos de protección, de limpieza, de apertura de caminos o de calma emocional. No buscan forzar a nadie ni torcer voluntades, sino equilibrar situaciones personales. Por eso no todo lo que asusta es magia negra. La diferencia real está en la intención y en el lugar desde el que se actúa. Entender esto quita mucho miedo y ayuda a mirar el mundo esotérico con más cabeza y menos alarma.
